Cada noche, a las 12, John sube al mirador, se estira en el capó de su viejo coche y se fuma exactamente cuatro cigarrillos. Ni uno más, ni uno menos. Y mientras fuma piensa en Dorothy y su larga cabellera, en Nueva York, en la inmensidad del cielo y en como las distancias matan.
Pero yo, yo no soy John.
Yo soy Donnie Darko.
martes, 16 de diciembre de 2008
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