lunes, 30 de noviembre de 2009

Miles solía sentarse frente al estanque del parque, acompañado de una sucia bolsa de plástico llena de pan. Se sentaba, miraba fijamente el agua y ahí se quedaba durante horas, sin hacer nada. Pensaba. Pensaba en los años, pasados ya, y en sus errores, en las posibilidades de haber tomado caminos diferentes, en respuestas inversas a las mismas preguntas. No soportaba creer que su vida acabaría y que nunca, jamás, para el resto de la eternidad, no estaría presente. Quería creer en algún Dios, en paraísos y salvaciones y felicidad, pero su conciencia le dictaba palabra a palabra la falsedad de los fáciles discursos religiosos. Miles odiaba ser incapaz de creer.

Pero yo no soy Miles,

Yo soy Hiro Nakamura.

lunes, 23 de noviembre de 2009

No creas que no te veo.
No creas que no sé nada.
No creas que nunca lo supe.
No creas que no escucho.
No creas que no seguiré.

Tiembla.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

La destrucción de mi propia alma no es más que el anhelo de la destrucción de un mundo cargado de ira. Y después,

nada...



la nada más absoluta, apacible, blanca, eterna. La blancura de nuestros seres lleva a la mayor destrucción. La mayor destrucción nos traerá paz. Odio las paradojas de la vida.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Peter Robert Johnson era un tipo agradable, de sonrisa fácil y contagiosa, en definitiva una de esas personas a las que nadie jamás le desearía ningún mal; excepto, claro está, de aquellos que odian la felicidad de los demás. Una vez dijeron que PRJ (para abreviar) odiaba a los demás pero lo escondía muy bien. Otra que su madre le pegaba y que por ello ahora escondía niños en casa y para disimularlo se hacía pasar por una buena persona. Incluso una vez la policía entró en su casa tras la llamada de una vecina alertando que había oído gritos aterradores procediendo del domicilio de PRJ. Obviamente jamás hallaron nada sospechoso.

Pero PRJ sí escondía un secreto, uno que a su parecer no debía saberse. A PRJ le gustaba, le excitaba y le emocionaba vestirse con lencería femenina, sentir la suavidad de las braguitas rozando sus muslos y los finos sujetadores ciñiéndose a su pecho. A muchos les habría dado igual su afición, y otros lo habrían tachado de violador fetichista, pero la cuestión era que PRJ era un tipo agradable, de sonrisa fácil y contagiosa.

Pero yo no soy Peter Robert Johnson,

yo soy el capitán Ahab.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Un momento,

instante, segundo, sueño, locura, movimiento, parpadeos, gritos, inspiración, lucidez,

Dura lo que dura, pero jamás nadie dirá que concretemos.