Hoy, sentado junto al mar, por fin lo he comprendido todo. Todo. Absolutamente todo. Nos anclamos aquí y allí, por millones de motivos, y nos negamos a nosotros mismos lo único que se nos fue concedido. Ahora entiendo lo que realmente significaba la metáfora de la creación y el paraíso, y río porque me he dado cuenta de ello.
Uno no tiene lo que realmente no desea, ni aquello que no merece.
Y la casualidad hizo que dibujara en mí un ancla.
Uno no tiene lo que realmente no desea, ni aquello que no merece.
Y la casualidad hizo que dibujara en mí un ancla.
