Es
Qué más da la hora. Sitúate, contempla y siente.
He sacado a Diana, afinado aquella cuerda que siempre se mueve y he empezado.
Ta ta ta tan,
Tan ta ta tan.
Exacto, ahora soy Gustavo y su Gaucho, se me han unido más manos, más gentes, pero ahí sigo yo, mientras me observas. Se que te gusta, pero ahora estoy concentrado. Desearía observar como imaginas que paro y te beso, pero estoy ocupado, imaginando que es tu cuerpo, desnudo, el que suena tras acariciar mis dedos sobre él.
Por eso no me detengo, aunque quisiera, porque no quiero.
Por favor, bésame y pon mis pies sobre la tierra de nuevo.
lunes, 29 de diciembre de 2008
sábado, 27 de diciembre de 2008
- ¿A dónde me llevas?- pregunté mientras ella tiraba de mí por la calle.
- Me he cansado de oírte hablar de tu profesor de literatura inglesa, joder. Vamos a mi piso.
En aquel momento noté un estímulo agradable en mi entrepierna. Ella seguía tirando con fuerza y ya podía ver su piso, pero decidí coger el mando de la situación y encauzarlo todo hacia algo más lógico.
- ¿Quiéres follar o hacer el amor?- sin rodeos, directo.
- Dios, vamos y punto. Haremos lo que quieras pero por favor no te pares, ¡no te pares!
Obviamente la tirantez de mis pantalones apremiaba, pero necesitaba respuesta. El sexo estaba bien, pero ya no necesitaba solo su apoteósica sensación, buscaba algo más. Y ya estábamos en la puerta del piso.
- Entra y cuelga la chaqueta, hoy te quedas a dormir.
- Me he cansado de oírte hablar de tu profesor de literatura inglesa, joder. Vamos a mi piso.
En aquel momento noté un estímulo agradable en mi entrepierna. Ella seguía tirando con fuerza y ya podía ver su piso, pero decidí coger el mando de la situación y encauzarlo todo hacia algo más lógico.
- ¿Quiéres follar o hacer el amor?- sin rodeos, directo.
- Dios, vamos y punto. Haremos lo que quieras pero por favor no te pares, ¡no te pares!
Obviamente la tirantez de mis pantalones apremiaba, pero necesitaba respuesta. El sexo estaba bien, pero ya no necesitaba solo su apoteósica sensación, buscaba algo más. Y ya estábamos en la puerta del piso.
- Entra y cuelga la chaqueta, hoy te quedas a dormir.
viernes, 26 de diciembre de 2008
sábado, 20 de diciembre de 2008
martes, 16 de diciembre de 2008
Al anochecer, Jeremy cogía la vieja Harley de su padre y conducía hasta un bar de carretera donde una vez vio a la mujer de su vida. Se sentaba, pedía bourbon, fumaba y pensaba en la destrucción creativa de Schumpeter, pero ella nunca aparecía. Como aquella chica que vio una vez en aquel lugar donde cada mañana acudía a desayunar.
Pero yo, yo no soy Jeremy.
Yo soy Helmut Newton.
Pero yo, yo no soy Jeremy.
Yo soy Helmut Newton.
Emily, en cambio, por las noches se estiraba en la cama, encendía el ordenador y buscaba hombres por los chats, hombres que encauzaran su apetito sexual. Al final, tras sacarles una cita para aquella misma noche en alguna de las plazas de la ciudad, apagaba el ordenador, recordaba las manos y los labios de Tom, tan húmedos y carnosos, y se dormía.
Pero yo, yo no soy Emily.
Yo soy John Malkovich.
Pero yo, yo no soy Emily.
Yo soy John Malkovich.
Cada noche, a las 12, John sube al mirador, se estira en el capó de su viejo coche y se fuma exactamente cuatro cigarrillos. Ni uno más, ni uno menos. Y mientras fuma piensa en Dorothy y su larga cabellera, en Nueva York, en la inmensidad del cielo y en como las distancias matan.
Pero yo, yo no soy John.
Yo soy Donnie Darko.
Pero yo, yo no soy John.
Yo soy Donnie Darko.
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