Al anochecer, Jeremy cogía la vieja Harley de su padre y conducía hasta un bar de carretera donde una vez vio a la mujer de su vida. Se sentaba, pedía bourbon, fumaba y pensaba en la destrucción creativa de Schumpeter, pero ella nunca aparecía. Como aquella chica que vio una vez en aquel lugar donde cada mañana acudía a desayunar.
Pero yo, yo no soy Jeremy.
Yo soy Helmut Newton.
martes, 16 de diciembre de 2008
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