lunes, 2 de noviembre de 2009

Peter Robert Johnson era un tipo agradable, de sonrisa fácil y contagiosa, en definitiva una de esas personas a las que nadie jamás le desearía ningún mal; excepto, claro está, de aquellos que odian la felicidad de los demás. Una vez dijeron que PRJ (para abreviar) odiaba a los demás pero lo escondía muy bien. Otra que su madre le pegaba y que por ello ahora escondía niños en casa y para disimularlo se hacía pasar por una buena persona. Incluso una vez la policía entró en su casa tras la llamada de una vecina alertando que había oído gritos aterradores procediendo del domicilio de PRJ. Obviamente jamás hallaron nada sospechoso.

Pero PRJ sí escondía un secreto, uno que a su parecer no debía saberse. A PRJ le gustaba, le excitaba y le emocionaba vestirse con lencería femenina, sentir la suavidad de las braguitas rozando sus muslos y los finos sujetadores ciñiéndose a su pecho. A muchos les habría dado igual su afición, y otros lo habrían tachado de violador fetichista, pero la cuestión era que PRJ era un tipo agradable, de sonrisa fácil y contagiosa.

Pero yo no soy Peter Robert Johnson,

yo soy el capitán Ahab.

No hay comentarios: