lunes, 30 de noviembre de 2009

Miles solía sentarse frente al estanque del parque, acompañado de una sucia bolsa de plástico llena de pan. Se sentaba, miraba fijamente el agua y ahí se quedaba durante horas, sin hacer nada. Pensaba. Pensaba en los años, pasados ya, y en sus errores, en las posibilidades de haber tomado caminos diferentes, en respuestas inversas a las mismas preguntas. No soportaba creer que su vida acabaría y que nunca, jamás, para el resto de la eternidad, no estaría presente. Quería creer en algún Dios, en paraísos y salvaciones y felicidad, pero su conciencia le dictaba palabra a palabra la falsedad de los fáciles discursos religiosos. Miles odiaba ser incapaz de creer.

Pero yo no soy Miles,

Yo soy Hiro Nakamura.

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