domingo, 12 de enero de 2014

Joseph Stample era un hombre inquieto. Durante los últimos cuatro años su incapacidad para relajarse le había llevado a viajar, a leer, a estudiar y a fornicar como nunca lo había hecho. De hecho, su inquietud empezó en el instante mismo en que Mary, su ex-mujer, le decía en el salón de casa que le dejaba, que no podía más y que quería volver a encontrarse a sí misma. En ese momento, y no antes o después, Joseph empezó a imaginar su vida y a buscar inquietudes.

Una tarde, mientras repasaba sus apuntes en un local nuevo que había descubierto por internet, conoció a Cathlyn. En el momento mismo en que la vio descubrió de nuevo las certezas de la vida.

Pero yo no soy Joseph Stample, yo soy Anna Frank.

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