lunes, 20 de enero de 2014

Es ahora, justo ahora, cuando comprendo el significado de mi propia miseria. De pequeño, por las noches, me veía incapaz de conciliar sueño alguno sin antes escuchar el estruendo del camión de las basuras en medio de la oscuridad, atravesada por una luz naranja parpadeante. Aquel aullido de deshechos cayendo uno tras otro era lo único que conseguía relajarme hasta el punto de dormirme.

Jamás le di importancia, nunca lo comenté con nadie pues no tenía absolutamente ningún tipo de relevancia en mi vida; hasta hoy.

Hoy miro atrás y comprendo, atiendo al eterno paradigma al que el destino nos somete, riéndose de todos nosotros mientras escupimos a su cara y gritamos que nada está escrito. Aquel camión colándose furtivamente en mi acomodada habitación, perturbando el silencio, lanzando destellos de luz en la oscuridad, no es más que un burdo reflejo de mi propia existencia.

Despojado y humillado, es ahora, justo ahora, cuando comprendo lo insoportable que resulta el significado de todo ello.

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