Cada mañana, Bill, se despertaba a las cinco, afeitaba, cambiaba, preparaba un bocadillo de jamón york y queso y se dirigía al mirador de la ciudad en su coche. Allí Bill se sentaba en el puesto del copiloto y comía tranquilamente su bocadillo, observando las luces de la ciudad y pensando en Mary, la guapa secretaria de su jefe. Una vez Bill la citó para cenar, pero a la hora acordada él no se presentó y por ello la evitaba, evitando así su propia vergüenza.
Lo que Bill no sabía es que Mary no se presentó, y si tampoco le hablaba era por el reparo que le producía el desplante.
Pero yo no soy Bill,
Yo soy Joseph Merrick.
jueves, 8 de octubre de 2009
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1 comentario:
qué bueno
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