jueves, 8 de octubre de 2009

Cada mañana, Bill, se despertaba a las cinco, afeitaba, cambiaba, preparaba un bocadillo de jamón york y queso y se dirigía al mirador de la ciudad en su coche. Allí Bill se sentaba en el puesto del copiloto y comía tranquilamente su bocadillo, observando las luces de la ciudad y pensando en Mary, la guapa secretaria de su jefe. Una vez Bill la citó para cenar, pero a la hora acordada él no se presentó y por ello la evitaba, evitando así su propia vergüenza.

Lo que Bill no sabía es que Mary no se presentó, y si tampoco le hablaba era por el reparo que le producía el desplante.

Pero yo no soy Bill,

Yo soy Joseph Merrick.