lunes, 8 de septiembre de 2014

Hoy, sentado junto al mar, por fin lo he comprendido todo. Todo. Absolutamente todo. Nos anclamos aquí y allí, por millones de motivos, y nos negamos a nosotros mismos lo único que se nos fue concedido. Ahora entiendo lo que realmente significaba la metáfora de la creación y el paraíso, y río porque me he dado cuenta de ello.

Uno no tiene lo que realmente no desea, ni aquello que no merece.

Y la casualidad hizo que dibujara en mí un ancla.

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