miércoles, 26 de agosto de 2009

Juan corría por las calles, tragándose la lluvia y empañándose los ojos con sudor. Estaba calado hasta los huesos pero seguía corriendo, sin importarle el frío, su salud o que se le mojara la ropa, sólo corría hacia todas las direcciones que podía. Se diría que escapaba de algo (o alguien), que evitaba que una situación se produjera; y al verle me pregunté si podían evitarse las situaciones, o si quizás te perseguían hasta que te agotaras y te arrollaban.

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