Cada mañana, Hal, se miraba en el espejo mientras orinaba, se rascaba la cabeza, iba a por su taza de café y se sentaba frente a la ventana. A su vez, cada mañana, Helen orinaba, contemplaba el grosor de sus cejas frente al espejo, ponía agua a calentar para hacerse un té y olvidaba bajar la persiana de su habitación mientras se sacaba el pijama.
Un día, Helen vio a Hal.
viernes, 23 de enero de 2009
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